Angulema, un viaje a la ciudad del cómic

Dicen que para visitar Angulema (Angoulême en francés) además de patearse las calles uno debe pasar sus hojas a todo color como si lo hiciera con un tebeo de toda la vida. Quizás porque toda ella forma parte de un gran cómic universal en el que las calles se escriben dentro de bocadillos y las onomatopeyas forman parte del argot local. En realidad basta con buscar los murales pintados con historietas de ayer y hoy que, involucrados en la vida de esta ciudad en pleno País del Cognac, dentro de la región francesa de Poitou-Charentes, pasan a formar parte de su día a día. Angulema vive de la genialidad de aquellos dibujantes que han visto cómo de las fachadas de los edificios surgen escenas, héroes y personajes nacidos de su propia imaginación. La responsable de acoger el Festival Internacional del Cómic más importante de Europa no sólo se limita a promover la lectura de un género considerado por muchos como el noveno arte, sino de convertir la ciudad en el orgullo de todos los que aman esta forma ir más allá a la hora de narrar con ilustraciones este y otros mundos.

El Jardín Extraterrestre es una de las pinturas más célebres de Angulema, capital del cómic

Escaparse a Angulema es llevar a cabo un viaje a la ciudad del cómic y ver cómo escapan por la ventana los hermanos Dalton sin que Lucky Luke se de cuenta mientras la estilizada figura de Corto Maltés busca nuevas aventuras consumiendo lentamente un cigarrillo. La fantasía de un universo paralelo está en el subconsciente de quienes visitan esta curiosa, agradable e intrépida ciudad a orillas del Charente

Cuando Angulema se convirtió en la capital del cómic

Fue en 1974 cuando echó andar un referente de la Bande Dessinée, que es como se le conoce a tebeo y, en definitiva, al mundo del cómic tanto en Francia como en Bélgica. Dos años antes había tenido lugar una exposición sobre el tema en la ciudad y dado el éxito obtenido se pensó en convertirlo en un acontecimiento anual para los aficionados a este modo de expresión. Fue entonces cuando el Festival International de la Bande Dessinée d’Angoulême no hizo sino crecer con la ayuda de grandes genios como el gran Moebius, Hugo Pratt (creador de Corto Maltés), Hergé (Las aventuras de Tintín), Will Eisner (The Spirit), Enki Bilal o ganadores de gran premio de la talla de Albert Uderzo (Astérix), Bill Waterson (Calvin y Hobbes) o Akira Toriyama (Dragon Ball). Actualmente el Festival Internacional del Cómic de Angulema mueve en torno a 7000 profesionales y 200.000 visitantes venidos de muchos países del mundo, lo que hace que la ciudad durante la duración del certamen que suele hacerse siempre en enero llegue a quintuplicar su población. Pero lo mejor de Angulema es que su pasión hacia el cómic se puede disfrutar todo el año en museos, calles y comercios, lo que lo convierte en un destino muy recomendable independientemente de si se acude al festival o no.

Pared pintada de Angulema, la capital del cómic

El primer cómic de Angulema cuenta ya con casi mil años de historia

Hay que decir que Angulema tiene una amplia experiencia en cuanto a historietas se refiere. Aunque suene extraño su primer cómic data del siglo XII y se sitúa en plena Ville Haute (Ciudad alta), donde se concentra un armonioso casco histórico en lo alto de un promontorio. Se trata, nada menos, que de la fachada delantera de la catedral de San Pedro, una de las mejores muestras del románico presentes en el oeste de Francia. Allí se narran historietas bíblicas en lo que a todas luces parecen viñetas bien definidas. En una colección escultórica magistral surgen más de 70 personajes principales en el Juicio Final y otros episodios obtenidos de la Biblia con la que se trataba de trasladar el Libro Sagrado del cristianismo a todos aquellos que no sabían leer en la Edad Media, que era la inmensa mayoría.

Catedral de San Pedro (Angulema, Francia)

Por tanto, el primer cómic, aunque no sobre papel sino sobre piedra, lo encontramos directamente en la catedral, cuya torre neorománica (fue derrumbada en las Guerras de religión y reconstruida en el sigo XIX) se aprecia desde casi cualquier punto de la ciudad (tanto alta como a orillas del Charente, donde se extiende un área metropolitana con más de 100.000 habitantes). Resulta muy curiosa si miramos de frente hacia la derecha, la escena del infierno en el que una criatura monstruosa le está sacando la lengua a un condenado. Y es que además los templos religiosos de entonces lo que buscaban era atemorizar más que instruir. Y lo lograban… vaya si lo hacían.

Detalle de la Catedral de San Pedro en Angulema (Poitou-Charentes, Francia)

Junto a la catedral el viejo Palacio episcopal, con elementos del siglo XII al XXI, se ha convertido en un museo de Historia y Arte no sólo de la ciudad sino también del mundo. Y como hacen los buenos cómics, nos incita a movernos del sofá y a viajar (¿Acaso no lo hace Tintín o Corto Maltés?). Si bien explica a la perfección la importancia de Angulema para Francia, su gran don se encuentra en la sección dedicada a África y Oceanía. De hecho, se considera que posee una de las mejores colecciones de arte africano en todo el continente europeo. El remate de este asunto lo hallamos en la fachada del palacio, coronada por un curioso mono de piedra. La tradición cuenta que Saint-Gelais, el obispo que encargó su construcción, quiso hacer un guiño con su nombre. Y es que en francés la pronunciación de este apellido suena igual que “singe laid”, que viene a significar algo así como “mono feo”. No le faltaba humor en absoluto (vaya, esta es otra de las vertientes de no pocos cómics).

El museo de Angulema se sitúa junto a la catedral de San Pedro

Place New York, de las murallas al castillo pasando por el teatro

Bordeando el remanente callejero de unas murallas que dejaron de existir hace ya mucho tiempo y desde donde hay unas vistas preciosas de la campiña del Charente alcanzamos Place New York, un parque rectangular con casas aristocráticas que se dirigen al viejo castillo – ahora ayuntamiento – de Angulema. El porqué de Nueva York en una importante plaza de la ciudad se debe a que Giovanni da Verrazzano, el explorador italiano al servicio de Francisco I, de la casa Valois-Angoulême le puso el nombre de Nueva Angulema en honor a su señor a la Bahía formada por el delta del río Hudson que había descubierto en 1524. Más tarde sería Nueva Ámsterdam y después la Nueva York que todos conocemos. De ahí que haya una relación más estrecha de lo que muchos se imaginan entre Angulema y la Gran Manzana.

Angulema tras las murallas ya inexistentes

A mano derecha el edificio decimonónico del Teatro municipal nos lleva a la remodelación del casco viejo que vivió Angulema en esta época. Pero no debemos quedarnos en la fachada sino buscar su parte trasera para encontrarnos con un inmenso muro pintado en modo cómic que muestra lo que sucede tras las bambalinas. En Angulema las cosas no están donde parecen y hay que buscarlas. La misión de localizar los murales o escenas pintadas, no siempre a la vista, es esencial para captar lo que la ciudad quieren enseñarnos.

Pintura tras el teatro de Angulema

Volviendo a la plaza es difícil no asombrarse con lo que queda del antiguo castillo de los Condes de Angulema, los miembros de la casa Valois-Angoulême que pasaron a regir los designios de Francia a partir de 1515 (en 2015 se está celebrando este quinto centenario en toda Francia, sobre todo en el Valle del Loira). Su monarca más célebre, Francisco I, archienemigo de Carlos V, se ocupó de inaugurar por todo lo alto una nueva dinastía. Él era oriundo de Cognac, cerca de allí. Su hermana, Margarita de Angulema, había nacido años antes en una de las torres de un castillo que fuera reformado casi por completo en el siglo XIX para darle un estilo que mezclaba neogótico y renacimiento. Con una de las paredes cubierta por completo de gruesas enredaderas ofrece una visión romántica y nostálgica de la Angulema que fue. Actualmente se puede visitar por dentro e incluso subir a una de las torres para disfrutar de unas vistas deliciosas de Angulema, sobre todo en días en el que el cielo permanece despejado.

Viejo castillo de Angulema, ahora ayuntamiento

Tras la búsqueda de las fachadas pintadas

Una vez hemos dejado pasar el castillo iniciamos una búsqueda casi obsesiva del rastro de los murales pintados, de esa Angulema siendo flamante capital europea del cómic. Entonces el recorrido callejero por las estrecheces de un casco viejo que conserva sus casonas de piedra blanca y grandes contraventanas de madera adquiere una nueva dimensión. Es frente al castillo cuando nuestra imaginación echa a volar. Nos dirigimos hacia la Rue Hergé (sí, el creador del mítico Tintín tiene una calle en Angulema). El sendero hacia el mercado (Les Halles) nos deja una imagen de Natacha et P’tit bout d’Chique, personajes del belga François Walthéry, vigilando una de las esquinas de Rue d’Arsenal. La calle se convierte en peatonal y hasta llegar al mercado pasando por Place Marengo encontramos una alta densidad de dibujos.

Pintura de Angulema

Entramos al mercado para oler el aroma de las fresas y torcemos a la derecha, a punto de salirnos de la ciudad vieja, para darnos cuenta de que en el lateral de un hotel se ve la villa de Béziers teñida de azul con una chica asomada a unas murallas. Es, sin duda, una de las imágenes más conocidas y hermosas de Angulema. “Le fille des Remparts” de Max Cabanes, como las grandes obras que posee la ciudad, se aprovecha hasta de las ventanas del edificios donde aparece para prolongar el dibujo y su historia. La integración de los murales en la ciudad no puede ser más adecuada y elegante.  La perfecta combinación del cómic transformado en arte urbano con el perfil de esta ciudad hace que jamás se roce lo estrafalario y hortera. El mal gusto no tiene cabida en Angulema.

Le fille des Remparts, uno de los murales más célebres de Angulema (Oeste de Francia)

El paseo de los murales (Los mejores ejemplos)

Tenemos trabajo por delante. Hay que localizar más fachadas pintadas. O, al menos, todos lo que podamos. Resulta muy buena idea pasarse por la Oficina de Turismo de Angulema en Rue du Chat (a un costado del mercado) para que nos den un plano con lo que se conoce como  “Paseo de los murales” que señala nada menos que 23 pinturas a lo largo y ancho de ciudad, tanto en la parte alta como a orillas del Charente (también se puede descargar el circuito en esta dirección con información en castellano). Es entonces cuando nos damos cuenta de que ver todos es complicado, pero sí podemos localizar buena parte de los mismos, sobre todo los más escondidos. La Rue Gambetta hacia la estación de trenes es especialmente prolífica, por ejemplo. Para otros casos puede llegar a compensar incluso utilizar el coche, aunque en realidad baste ir a pie para contemplar la mayoría de estos muros pintados con escenas de cómic.

Detalle de uno de los murales pintados de Angulema (Poitou-Charentes, Francia)

He aquí algunos de los murales pintados más impresionantes de Angulema. O, al menos, los que me llamaron más la atención:

Lucky Lucke y los Dalton

Lucky Luke y los Daltos pintados en un edificio de Angulema (Poitou-Charentes, Francia)

58 Avenue Gambetta (camino a la estación)

New York sur Charente

New York sur Charente (Angulema, Oeste de Francia)

15 bis Rue de la Gran Font

Le Jardin Extraordinaire

Muro pintado de Angulema

24 bis Rue Pierre Sémard

Memoires du XXeme ciel

Memoires du XXeme Ciel (Angulema, Francia)

Place Saint-André (Mi preferido. El reto: localizar al ángel astronauta que se refleja en una contraventana)

Memoires du XXeme Ciel (Pared pintada de Angulema, capital del cómic)

Estos son sólo unos pocos. Hay más ejemplos que ni siquiera vienen en el plano de la oficina de turismo. Y es que no sólo debemos fijarnos en las fachadas, ya que hasta los buzones de correos tienen historietas pintadas sobre ellos. Estáis advertidos de que la sombra del cómic en Angulema es alargada…

Pared pintada junto a la Oficina de Turismo de Angulema (Oeste de Francia)

El Museo del cómic de Angulema

Para ir más allá y conocer la labor de la ciudad de Angulema en el festival internacional que se celebra todos los años no está de más pasarnos por el Museo del Cómic, uno de los mejores en el mundo sobre esta materia. Situado en Quais de la Charente, a orillas del río, ocupa una antigua bodega habilitada para albergar las instalaciones más grandes y completas de toda Europa dedicadas al cómic. Abre a diario salvo los lunes hasta las 18:00 horas (en julio y agosto hasta las 19:00) y el museo tiene un precio de 7€ (3€ para menores de 18 años, gratis para todos primer domingo de mes salvo en julio y agosto). La biblioteca es gratuita y la tienda del museo es una de las mejores de toda Francia para adquirir algunos ejemplares entre una formidable colección de volúmenes, algunos incluso no demasiado fáciles de encontrar.

Y así es Angulema, una de las primeras paradas obligatorias para los viajeros en el País del Cognac, dentro de una ruta maravillosa por la región de Poitou-Charentes en el oeste de Francia, entre Aquitania y Bretaña. Un destino con historia… e historietas. Tantas que las calles vienen entre bocadillos y sus héroes salen de las paredes de los edificios.

Sele en Angulema (Oeste de Francia)

Información práctica:

+ Una de las maneras más rápidas de llegar a Angulema desde España es tomando un vuelo a Burdeos, del que queda aproximadamente a una hora y media en coche (129 km). La compañía Air Nostrum tiene nada menos que once frecuencias semanales desde Madrid a este destino. Las conexiones entre España y Francia son numerosas, ya que además de Burdeos lleva a ciudades como París, Estrasburgo, Lourdes, Lyon, Marsella, Nantes, Niza, Perpiñán y Toulouse.

Avión de Air Nostrum

+ Información práctica y actualizada de esta zona del oeste de Francia en la web: www.cognac-francia-atlantica.es

+ La web de la oficina de turismo de Angulema es: www.angouleme-tourisme.es

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PD: No te pierdas todos reportajes de El rincón de Sele con rutas y destinos de Francia como protagonistas, entre ellos el País del Cognac, donde se encuentra Angulema.

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