Tras las huellas del lince ibérico en la Sierra de Andújar

Ni el leopardo de las nieves, ni el tigre de Bengala, ni tan siquiera el siberiano. Realmente el lince ibérico se trata de una de las especies de felino más amenazadas de todo el planeta. Las medidas conservacionistas durante la última década lo sacaron del limbo de su inminente extinción, aunque muchos expertos aseguran que su final es cuestión de tiempo. Incluso las buenas cifras de los últimos años en cuanto a población siguen atisbando una difícil situación para la vida en estado salvaje de este pequeño y hermosísimo depredador convertido en el emblema mayúsculo de la fauna de la Península Ibérica. Pero, ¿dónde se encuentra realmente el felino de las orejas pinceladas? ¿Dónde se puede ver el lince ibérico en libertad o, al menos, rastrear sus huellas? La respuesta nos lleva, sobre todo a Andalucía, tanto al Parque Nacional de Doñana como al Parque Natural Sierra de Andújar, aunque también se reconocen poblaciones de menor tamaño en el Valle de Alcudia, ya en Ciudad Real, o itinerando en los Montes de Toledo. Algunos miembros vagan como fantasmas buscando fortuna en buena parte del país y sólo las fotos de trampeo los delatan, pero si existe una posibilidad más o menos certera de poder observar a este animal, hay plantearse buscarlo bien en Doñana o, como fue mi caso, en la Sierra de Andújar. Y es que en los parajes jienenses se dan las condiciones ideales para que se pueda declarar a esta porción de Sierra Morena como el auténtico territorio del lince ibérico.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Antes de planear mi estadía en la Sierra de Andújar me hubiera conformado con toparme con unas huellas del depredador de pelaje moteado. O incluso con escuchar el maullido de una hembra en pleno celo invernal. Siempre di por hecho que la misión sería un quiero y no puedo, un imposible o más bien una ensoñación. Pero cuando se juntan los ingredientes más adecuados con el dónde, el cómo, el cuándo y el con quién, puede dar la casualidad de que aparezca la suerte para cocinarlos todos a la vez y, cuando menos te lo esperes, salte la sorpresa. O en este caso, una preciosa familia de linces jugueteando en unas rocas. 

El fantasma de las orejas pinceladas

No hay quien le aguante la mirada, ni tan siquiera la comparación, al lince ibérico. Su caminar elegante y silencioso ofreciendo la sensación de levitar sobre la hierba, esa mirada de pequeño tigre que disfraza las pequeñas pupilas en un iris del color de la miel, el pincel digno de un genio del barroco sobresaliendo de sus puntiagudas orejas o el pelaje extremadamente moteado que le permite asegurar un camuflaje perfecto en plena naturaleza. Eso en cuanto a porte y belleza. Pero también en cuanto a su peligrosa singularidad que convierte al astuto depredador en uno de los felinos más amenazados de la Tierra, con una población que hace pocos años no llegaba ni al centenar. El siglo XX fue su lacra, la desaparición de su frágil figura de buena parte del campo español y portugués (se calcula que a en 1900 había cerca de cien mil ejemplares). La caza indiscriminada y nunca castigada, el menguante hábitat natural, los atropellos constantes en la carretera, la escasa concienciación medioambiental existente (aún sigue habiendo mucho que hacer al respecto) o la escasez del que se considera su plato principal, el conejo, le puso en el alambre, pero sin red.

Hembra de lince ibérico

También hay que ser justos y decir que con los años se ha ganado algo de tiempo, multiplicándose el censo de linces hasta superar los seiscientos linces en libertad, gracias al esfuerzo, la inversión y el trabajo de muchos buenos profesionales que han dejado algo de esperanza a lo que parecía un imposible. Un ejemplo notable ha sido el Proyecto Life+IBERLINCE (recién concluido) cuya propuesta de “conseguir un número de linces y un número de poblaciones que garanticen la supervivencia de la especie, y que permita disminuir su grado de amenaza” se ha notado en los últimos años gracias al incremento del número de ejemplares en Sierra Morena o Doñana, así como en los trabajos para “identificar, preparar y establecer cinco nuevas áreas de reintroducción en Portugal, Castilla – La Mancha, Extremadura, Murcia y Andalucía, con capacidad suficiente para conseguir poblaciones de lince ibérico autosostenibles”.

Hombra de lince ibérico

Sierra de Andújar: Territorio lince

Se calcula que, según el censo de 2017, en Andalucía había en torno a 448 ejemplares repartidos en una superficie de 1.668 kilómetros cuadrados, mayoritariamente en Doñana y Sierra Morena. En 2018 la cosa, al parecer, se vio mejorada. Por las condiciones del territorio, quizás exista una mayor probabilidad de avistamientos en Sierra Morena, concretamente en la sección de Andújar donde, además, se han desarrollado una serie de iniciativas ecoturísticas para que conseguir que el turismo lincero sea una herramienta para la concienciación e involucración de la comunidad que convive en el territorio donde sobrevive como puede tan escurridizo felino. Algo similar a lo que se está tratando de hacer en la Sierra de la Culebra (Zamora) con el lobo ibérico. La idea es sencilla. Expertos que muestran el territorio y su valor tratando de una forma ética y sostenible que se conozca mejor la vida y comportamiento de estos animales con salidas controladas al campo y respetando todas las distancias posibles. Actividades con instinto conservacionista que busca lograr que la sensación de pertenencia y orgullo, así como el consiguiente valor turístico del que se aprovecha buena parte de la comunidad, sirva como beneficio para la preservación y una convivencia lo más pacíficas posible.

Mapa de distribución del lince ibérico en 2017
Mapa de distribución del lince ibérico en 2017. Fuente Iberlince. Publicado en EL PAÍS.

Un ejemplo en la Sierra de Andújar es la empresa ecoturística Iberus Medio Ambiente, radicada en La Carolina (Jaén), donde expertos biólogos, ambientólogos y técnicos en gestión de recursos naturales, naturalistas, así como educadores ambientales se encargan de llevar a cabo rutas guiadas, interpretativas y didácticas por el sur de la Península Ibérica, especialmente por Sierra Morena y el Parque Natural Sierra de Andújar, cuyos guías se conocen al dedillo. Contaba con muy buenas referencias acerca de ellos y son de los pocos que entre sus opciones para avistar aves o presenciar la berrea del ciervo durante el otoño (en esta zona, dada la presencia de estos animales, es absolutamente sobrecogedora) ofrecían la posibilidad de hacer salidas con el lince ibérico como objetivo. Siempre de manera ética y extremando las precauciones para respetar tanto al animal como al propio entorno. Y con la ventaja de tener acceso a determinadas fincas privadas para aumentar las posibilidades de éxito.

Iberus Medio Ambiente (Sierra de Andújar, Jaén)

De safari en 4×4 la Sierra de Andújar

Sólo sabía que debía estar muy temprano preparado para la primera salida. Me había reservado varios días para contar con más intentos y aumentar las posibilidades de observar al lince ibérico en su estado salvaje. Me hospedaba en el bonito pueblo de Baños de la Encina, con un prominente y enorme castillo árabe que, al estar a seis kilómetros de la autovía A-4 mucha gente pasa por alto cuando precisamente se trata de una de las fortalezas árabes más grandes y mejor conservadas en territorio europeo. Mi alojamiento y base de operaciones era el Palacete de Maria Rosa, un hotelito rural que rebosaba de la calidez de su chimenea, así como de extrema tranquilidad.

Castillo de Baños de la Encina (Jaén)

No había amanecido todavía cuando apareció Inma, la que sería mi guía de Iberus Medio Ambiente, conduciendo un enorme todoterreno de color blanco. En muchas ocasiones hay caminos donde el asfalto ni está ni se le espera, por lo que viene bien, o por lo menos ayuda, un vehículo de este tipo. Nos sorprendió el amanecer en el Embalse del Rumblar mientras los ánades azulones sobrevolaban entre la niebla. Y cuando la luz permitió ver un poco más y los ciervos y gamos correteaban a ambos lados del camino resultaba sencillo meterse en la película y creerse en un safari en mitad de África. Pero ni aquellas eran las planicies de Kenia ni estábamos rastreando leopardos en Botswana.

Ciervo en la Sierra de Andújar (Jaén)

Estábamos en el corazón de Jaén, a pocos kilómetros de Despeñaperros, pero en un paraje tan deslumbrante y salvaje donde tuve la sensación de que aquellas onduladas colinas cargadas con encinares donde sobrevuela con holgura el águila imperial o el buitre negro son unas injustamente desconocidas. Aunque no por los ornitólogos, muchos provenientes de Gran Bretaña, Alemania u Holanda, quienes gustan de venir por la zona y retratar sus muchas especies de aves. Para ellos las cigueñas negras, rabilargos, cernícalos primilla, treparriscos o pinzones están por encima incluso del lince ibérico en su ansia de coleccionar estampas de naturaleza. Aunque cada vez hay más amantes de la figura del fantasma de las orejas pinceladas que sueñan con retratar su presencia casi invisible. Y que saben que en la Sierra de Andújar existe, al menos, la posibilidad de “llevarse el gato al agua”.

Paisajes alrededor de la Sierra de Andújar en Jaén

Los BIG FIVE de la Sierra de Andújar

Son muchas las especies de animales las que pueblan el Parque Natural Sierra de Andújar. Al igual que con África, donde el león, el leopardo, el rinconeronte, el elefante y el búfalo forman el ansiado Big Five para quienes aman la fotografía de naturaleza (aunque la denominación la dieron los cazadores), en la Sierra de Andújar no se andan con chiquitas. Los Big Five del parque jienense serían el lince ibérico, la nutria, el buitre negro, el águila imperial y la cigüeña negra. Especies que son en sí mismas un premio para quien tiene la suerte de contemplarlas.

 

Sele ante una señal de linces en la Sierra de Andújar

Durante el primer día de safari por la Sierra de Andújar en busca del lince ibérico nos acompañó durante horas una tenue niebla que resistía a desaparecer. El sendero hacia la presa del Jándula, probablemente el mayor highlight paisajístico y donde se ha retratado en múltiples ocasiones al depredador, estaba completamente cubierto con un gran banco de niebla que impedía la visibilidad, por lo que recorrimos otras zonas. Con los prismáticos en mano (en el maletero llevábamos un telescopio donde si nos topábamos con él le íbamos a ver hasta las pupilas) escudriñamos montes, árboles y arbustos. En la casa del lince cualquier recodo puede ser susceptible de convertirse en su refugio. Aunque no es un animal que se deje ver tan fácilmente. Si queríamos encontrarle no bastaba con llamar a su puerta sino, más bien, que él (o ella) pusiese algo de su parte. Lo importante era que me encontraba en el sitio correcto, en el momento perfecto (el inicio del celo), con la persona conocedora de su comportamiento y del territorio. Y que tengo toda la paciencia del mundo…

Coche de Iberus Medio Ambiente en la Sierra de Andújar, probablemente el mejor lugar para ver linces en España

En un viaje de este tipo hay que recordar una y otra vez que no se trata de visitar un zoológico, que los animales andan libres y no aparecen cuando a uno le plazca. Mucha gente se frustra cuando no ve cosas en el minuto uno, pero es porque no comprenden algo tan básico como que la naturaleza se muestra a su propio capricho y no al de los demás. Fue algo de lo que me había percatado meses antes buscando al oso polar en el archipiélago noruego de Svalbard, que vi gente angustiada en el barco porque estuvimos días sin ver osos y que no disfrutó plenamente de las maravillas que había alrededor como un mar de hielo, grandes glaciares, focas, morsas e infinidad de aves que sólo se dejan ver en las latitudes más altas como la gaviota marfil. Muchos se dieron cuenta de dónde habían navegado justo en el día que tenían que marcharse a casa.

Algunos animales que he podido ver y fotografiarAquí algunos de los animales más emblemáticos que había podido fotografiar entonces. 

¡Cuántos animales comparten territorio con el lince ibérico en la Sierra de Andújar!

La niebla se fue disipando y, con ella, empezamos a ver más y más animales. Ciervos a decenas, algunos de ellos a escasos dos metros del camino por el que íbamos con el 4×4. Con los gamos, lo mismo, aunque éstos eran mucho más temerosos y se alejaban corriendo enseguida. Cabe destacar que la Sierra de Andújar es formidable para asistir al espectáculo de la berrea, que llega con las primeras lluvias tras el caluroso verano y en el que se escucha a los ciervos bramar como si no hubiera un mañana. Es entonces, en septiembre, octubre y parte de noviembre, el tiempo de celo de la hembra, por lo que estos grandes herbívoros rivalizan los unos con los otros, llegando a pelear con sus cuernas, para lograr su propósito de cópula. Y digo bien eso de cuernas, que es más preciso, ya que la cornamenta del ciervo muda cada año al final del invierno para crecerle de nuevo en tres meses y estar preparado para la berrea. No sólo en lo concerniente a una probable lucha sino también para atraer con mayor facilidad a las hembras, que prefieren escoger machos de fuerte cornamenta. ¡Pura selección natural!

Ciervo en la Sierra de Andújar (Jaén)

Muy próximos a la presa del Encinarejo pudimos ver una pareja de nutrias nada más asomarnos al río. Y al costado, camuflada por unos juncos, una gran garza real aguardando hierática el momento idóneo para capturar un pez. A lo lejos, sobre unos riscos, sobrevolaba un águila imperial que parecía tratar de expulsar de su espacio a un águila real que le debía estar incomodando. Y de fondo buitres leonados con una pareja de buitres negros aprovechándose de las corrientes de aire para poder planear sin dar un solo aleteo. Todo eso en apenas unos minutos.

Nutria en la Sierra de Andújar (Jaén)

Del lince, que era mi propósito primordial, ni me acordaba a pesar de los grandes carteles que en la carretera pedían con su rostro que los vehículos redujesen su velocidad por ser un paso de estos felinos. En el mirador del peregrino, que apuntaba al Santuario de la Virgen de la Cabeza, además de un paisaje sobrecogedor volaban los rabilargos con sus relucientes y largas colas azules siempre de un lado para el otro y no deteniéndose ni por un instante. Este córvido sólo se encuentra, además del sur de la Península Ibérica, en el extremo oriente (China, Japón, las dos Coreas, etc.), por lo que se trata de otra de las aves que los fotógrafos aguardan con más ansia cuando viajar a tierras andaluzas.

Rabilargo en Sierra de Andújar (Jaén)

Inma me dio una clase magistral de ornitología durante los días que anduvimos por la Sierra de Andújar. Ella es más amiga de los pájaros que de los mamíferos, y cuanto más pequeños mejor. Quizás porque considera que se valora poco a las aves por el simple hecho de que tenemos la oportunidad de verlas todos los días. O eso creemos. Porque hay decenas de especies sólo en este parque que quienes entienden al respecto saben que los parajes andaluces (también los extremeños) pueden estar entre los mejores refugios para las aves en toda Europa. Algo que valoran mucho los británicos, donde la afición a los pájaros es tremenda, quienes se dejan no pocas libras en venir a España a disfrutar del país más biodiverso del continente. Aunque muchos aquí ni lo sepan.

Mochuelo en la Sierra de Andújar (Jaén)

Y de repente una familia de linces…

Durante horas ni rastro del felino. Probamos suerte accediendo a una finca privada a la que sólo los guías de Iberus Medio Ambiente tienen posibilidad de entrar con sus clientes para este tipo de visitas de naturaleza. Me reservo su nombre e incluso su ubicación puesto que aquí fue donde llegó el momento más esperado del viaje. Y no está la cosa como para dar las coordenadas el paradero de un felino sujeto a tantos peligros y amenazas. Pero aquel momento duró varias horas con Inma y yo como asistentes privilegiados, quienes desde el telescopio y los prismáticos parecía que estuviéramos viendo un documental de La2 con la voz irrepetible de José María del Río o del eterno Félix Rodríguez de la Fuente (cuyo capítulo de “El hombre y la tierra” titulado “El último lince” recomiendo de forma tajante).

Sele mirando por el telescopio con el objeto de ver de linces en la Sierra de Andújar (Jaén)

En una finca donde pastaban plácidamente las vacas, se escuchaba el cacareo de las gallinas y el mochuelo se erigía como vigilante a plumas del terreno buscamos un pequeño altozano para divisar mejor el entorno al que dirigirnos. Inma era sabedora de que esa finca le había traído suerte, que llevaba tiempo dejándose ver el lince por aquellos dominios. Quizás por contar con un refugio agreste, una mayor población de conejos para cazar o, quien sabe la razón concreta, una ladera bregada por el apelotonamiento de las rocas era el territorio de una familia de linces. Que podían pasarse por allí o no dejar ver ni en pintura el fino y negruzo pincel de sus orejas. Por lo que había que tirar de paciencia. Y echarle horas de telescopio y rastreo. Así que desplegamos una mesita y de su mochila Inma sacó diversas viandas (queso, empanada, etc.). Porque la tarde se antojaba larga.

Viandas para esperar que apareciera el lince ibérico en una finca privada de la Sierra de Andújar en Jaén

Los ojos ya se habían habituado ya a mirar a través de un visor. Reconozco que estaba nervioso, expectante, con la tensión de las grandes ocasiones. Aquello, aunque a muchos les parezca lo contrario, no era menos difícil que encontrar al tigre en India, fotografiar al leopardo en el Yala National Park de Sri Lanka o al oso polar sobre una planicie de hielo en el paralelo 80. Más bien era buscar una aguja en un pajar. Pero, incluso cuando uno pierde la fe, la aguja puede brillar de tal manera que te termine deslumbrando. Y eso es lo que pasó. Algo parecía moverse en aquellas rocas, a unos doscientos o trescientos metros. Se trataba de una figura que no sólo corría sino que saltaba. ¿O eran dos? No podía ser cierto… lo que teníamos a la vista era una lince macho junto con su cría de varios meses que salió corriendo detrás de unos pájaros. Cantamos bingo por partida doble, aunque las probabilidades de que la madre pudiese venir de un momento a otro nos hacía aspirar a ganar el triplete aquella tarde de sol en las verdes laderas de la Sierra de Andújar.

Lince ibérico en la Sierra de Andújar (Jaén)

No nos movimos un ápice más que para observar de cera con el tele el rostro de aquellas fieras de motas negras que acababan de saltar un muro de piedra para buscar la sombra de una arboleda. Lo de las fotos era una quimera. Demasiado lejos, demasiado movimiento. Conseguimos para el recuerdo con algunas imágenes borrosas. Para nosotros la nitidez estaba en la suerte que acababa de sonreírnos. Y algo nos decía que aquel encuentro no iba a ser precisamente fugaz.

Lince ibérico en la Sierra de Andújar (Jaén)

El padre de la criatura desapareció bajo la maraña de unos arbustos, quizás para descansar. Mientras tanto la pequeña, que se trataba de una hembra nacida durante la primavera, permaneció jugueteando un largo rato entre los bordes de la finca y el abrupto pedregal del que procedía. Muy probablemente esperando a su madre.

Lince ibérico en la Sierra de Andújar (Jaén)

CURIOSIDADES DEL LINCE IBÉRICO

  • Su alimento primordial es el conejo. También pueden comer roedores, perdices u otras aves pequeñas, aunque no es lo más habitual. De media requieren de un conejo al día para su correcta alimentación, por lo que su presencia es esencial en el territorio de los linces para que estos puedan sobrevivir.
  • El celo de las hembras sucede desde mediados/finales de diciembre hasta bien entrado febrero. Para atraer la atención de los machos producen un aullido que se resulta audible a una distancia considerable, de ahí que esta época del año sea la mejor para poderlos contemplar en libertad.

  • La gestación de las hembras sólo dura un par de meses. Para ello se refugia en huecos bien protegidos en rocas o árboles. Una vez nacen las crías son independientes a los diez meses, aunque acompañan a la madre en torno a un par de años.
  • La fama de la buena vista del lince es legendaria. Ven tanto de día como de noche. Y pueden observar un conejo a más de trescientos metros de distancia.
  • Etimológicamente el término lince proviene del griego λύγξ (lynx en alfabeto latino) cuyo significado viene a ser “brillante” debido al color de los ojos de este animal, que según la mitología griega y romana, podían traspasar incluso las paredes.
  • El lince ibérico se trata de un animal bastante solitario y territorial, aunque sus dotes de nómada no las ha olvidado. De ahí que ejemplares soltados en Andalucía aparecieran en Galicia o a las puertas de Barcelona en los últimos años.
  • Es un cazador nato, muy sigiloso. La manera de atrapar a sus presas es saltando sobre las mismas de una forma veloz para que no les de tiempo a escapar. Y, si bien, corren bastante, no suelen dar carreras largas para la captura. Quizás sean conscientes de que con un conejo corriendo tienen poco que hacer. Curiosamente se trata de la misma estrategia del tigre de Bengala así como de otros grandes felinos.

El tiempo terminó dándonos la razón. Mientras el padre holgazán echaba una larga siesta a la sombra dejando sola a la cría, apareció la madre de las mismas rocas donde vimos a los linces por primera vez. Bajó corriendo para alcanzar a su hija (ya no tan pequeña, con ocho meses tenía el tamaño casi de un adulto). Cada salto hacia abajo daba la sensación de que su cuerpo no pesaba ni un gramo. Era ligera como una pluma y veloz como un suspiro. La elegancia hasta para mover los pelos del bigote ya se le presupone al que para muchos se trata de uno de los animales más hermosos del Planeta Tierra.

Tres linces en la Sierra de Andújar (Jaén)

No podía dar crédito a lo que veían mis ojos tanto detrás como delante del visor. No podía creer que se estuviera cumpliendo un sueño que para entonces veía (casi) irrealizable. Ser testigo de una escena de naturaleza tan potente, con tanta fuerza y veracidad, sin salir de mi país, fue un revulsivo que me puso los pies en el suelo. Uno de los instantes más grandes e inolvidables de mi vida lo tenía a unos pocos cientos de kilómetros de mi casa, en esa Jaén que tantos creen que sólo es un inmenso olivar pero que en el sector oriental de Sierra Morena, en plena Sierra de Andújar y a poca distancia de municipios como Baños de la Encina, Guarromán o el propio Andújar, se deshacen todos los tópicos para encontrar lo que muchos pretendemos a miles de kilómetros.

Tres linces ibéricos sobre una roca en la Sierra de Andújar (Jaén)

El sol se fue cerrando entre las montañas para extender una prolongada sombra y hacer descender todos los termómetros. Con el fin de la solanera reapareció el macho y entonces la familia se reunió de nuevo en una roca plana suficientemente espaciosa para albergar a los tres depredadores. Por supuesto, como en todas las familias, no aguantaron juntos demasiado tiempo, pero sí lo suficiente para apreciar una escena del todo irrepetible.

Linces ibéricos en la Sierra de Andújar (Jaén)

Ya cuando el atardecer amagaba con apagar todas las luces y mientras íbamos recogiendo bártulos, nos sorprendió la cría con un conejo en la boca. Y con su festín la dejamos antes de que oscureciera aún más. Por último, como si no hubiera sido suficiente, un búho real apoyado sobre un poste de luz nos obsequió con un vuelo a cámara lenta hacia la copa de un árbol. Apenas quedaba luz, pero sí lo suficiente para percibir la grandilocuencia de otro de esos animales que merecen un capítulo aparte. Y que, en efecto, tenemos en nuestros bosques y dehesas.

Atardecer en la Sierra de Andújar (Jaén)

En torno a la presa del Jándula

La jornada siguiente volvimos de nuevo a aquellos caminos que toquetean y bordean el Parque Natural Sierra de Andújar. Y no sólo para intentar ver linces una vez más sino, sobre todo, a disfrutar de aquel entorno privilegiado. Curiosamente, aunque no lograríamos toparnos de nuevo con el felino, resultó sumamente gratificante. Quizás por haber esquivado la tensión con el gran avistamiento que tuvimos el día anterior. Ir con los deberes hechos me permitió captar y saborear mucho mejor los detalles, aprenderme el nombre científico de nuevos pájaros y podernos quedar varios minutos frente a un ciervo macho que ignoró por completo nuestro paso.

Ciervo en la Sierra de Andújar (Jaén)

Dado que las condiciones meteorológicas parecían más idóneas, Inma decidió que era el momento de mostrarme el camino a la presa del Jándula. Es ese el lugar de acceso público donde se suele obtener mayor éxito para observar el paso del lince. Por la zona merodean varios miembros de esta especie y su situación en pendiente permite tener abarcar con la mirada, el tele o los prismáticos un espacio realmente amplio. Me explicaron que esa era la diferencia con Doñana en cuanto a las salidas para ver el lince ibérico, que se pasa de la llanura a observar desde un alto, aumentando por lo tanto las probabilidades de un avistamiento existoso. De ese modo esta estrecha carretera viene a ser como el punto número uno de quienes desean tener una buena oportunidad de contemplar por primera vez al “gato con tamaño de perro mediano” que por suerte sigue merodeando por toda Sierra Morena.

Perdiz en la Sierra de Andújar

En los meses de diciembre y, sobre todo, enero, son muchos los amantes de la naturaleza los que se aproximan a este área para esperar pacientemente durante horas (y días) que el fenómeno suceda delante de sus narices. A veces lo consiguen pero en muchas ocasiones se van de vacío (hablé con personas que lo habían intentado seis veces sin éxito). Que sea uno de los lugares más idóneos y con mayor presencia del felino no significa que éste vaya a dejarse ver. Pero en la época del celo el maullido de las hembras puede delimitar mucho más el foco. Y suele haber un mayor movimiento, lo que ayuda en una empresa de por sí compleja.

Sierra de Andújar (Jaén)

Quedé estupefacto, en el sentido positivo de la palabra, ante el paisaje que se extendía en aquel improvisado mirador en la carretera a la presa. Se trata, no sólo de un refugio bien apreciado por el lince, sino además de la panorámica más dramática y admirable de la Sierra de Andújar. Bajo onduladas montañas y campos que permanecen verdes incluso durante el verano, surgía un sendero de niebla que abrazaba con tesón el valle por el que corre el río Jándula. Me recordaba a las neblinas que acurrucan a las espigadas palmas de cera del valle de Cocora en Colombia pero en su versión ibérica. Magistral, aplastante, emocionante e inmortal. Así es el paisaje por el que, con lince o sin él, me perdería un millón de veces. A pesar del frío húmedo que calaba los huesos, aquella estampa de naturaleza escenificaba lo que la Sierra de Andújar es y será capaz de regalar al visitante.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Pasamos bastante tiempo observando con el telescopio y los prismáticos, esperando una señal o una voz de alguien avisando de que había visto algo. No pocos turistas británicos con sus flamantes telescopios Swarovski de 3000 euros para arriba se pasaron las horas escudriñando aquel paisaje de arriba a abajo. Y salvo algún que otro gamo o un conejo rodeando a saltos un arbusto, no vimos nada de nada. Curiosa fue la anécdota de un cordobés que nos contó (tras llevar viniendo ocho años a lo mismo) que el día anterior después de estar casi doce horas sin moverse de allí, en el momento de hacerse de noche y subirse al coche para ir de vuelta al hotel un lince apareció precisamente en el lugar en el que había estado todo el día. Aquel instante le pasó por delante sin la cámara preparada, ni testigos. Como experiencia fotográfica, una frustración segura. Como momento personal, una verdadera pasada.

Sierra de Andújar (Jaén)

Detuvimos la espera y bajamos al mirador del embalse del Jándula. Allí sobreviven como pueden las ruinas de un antiguo poblado conocido como La Lancha, construido ex profeso en los años treinta para albergar durante varias temporadas a los más de mil trabajadores que vinieron con sus familias para construir la presa, para muchos una de las construcciones civiles más imponentes de Andalucía durante del primer tercio del siglo XX. Con su iglesia/escuela, su hospital, sus tascas, cuadras e incluso cuartel de la Guardia Civil. En el momento de mayor población llegó a contar con aproximadamente tres mil personas, una cifra a la que muchos pueblos hoy día no podrían ni tan siquiera soñar.

Sele mirando el Embalse del Jándula en la Sierra de Andújar (Jaén)

Los únicos seres vivos que vimos en aquel lugar fue un par de grupos de cabras montesas. Sobre una roca destacaba la cornamenta de un macho fuerte rodeado de varias hembras. Estaban lo suficientemente lejos para, tan siquiera, tomar una buena fotografía de estos animales por suerte aún salvajes (y vivos, puesto que la caza mayor permitida en buena parte de la Sierra de Andújar, es su mayor enemiga). Estos barrancos junto al Jándula, que no conviene olvidar es uno de los afluentes más caudalosos del Guadalquivir, son el refugio predilecto de cabras u otras especies entre las que se encuentra, por supuesto, el lince ibérico.

Cabra montesa (macho) en la Sierra de Andújar (Jaén)

Regreso a la finca del día anterior

Por la tarde regresamos a la finca en la que tuvimos éxito con los linces para ver si era posible repetir. No era fácil, pero dos veces en dos días hubiera sido tremendo. Y hago bien en decir “hubiera” porque las cuatro horas que pasamos pacientemente chequeando rincón a rincón con el tele y los prismáticos nos dieron para charlar, comer embutidos y disfrutar del que fue mi ultimo atardecer en la Sierra de Andújar.

Prismáticos para ver linces en la Sierra de Andújar

Fueron dos días extenuantes. Si no hubiéramos tenido la suerte de la jornada anterior estoy convencido de me habría quedado otro día más. Ya se sabe, todo es cuestión de intentarlo. Pero quedaba carretera y manta en busca de nuevas experiencias. Regresaría a casa, pero desviándome por las carreteras secundarias de Ciudad Real para lograr otro objetivo, que no era otro que observar la llegada de miles de grullas a las Tablas de Daimiel. Algo que, os aseguro, no es poca cosa. Un espectáculo natural imperdible y que tenemos más cerca de lo que podemos imaginar.

Sele en la Sierra de Andújar ante un cartel de carretera con el dibujo de un lince ibérico

España biodiversa, un auténtico filón para la naturaleza. Hogar del lince ibérico, el lobo, el oso pardo y tantas aves que no caben en los libros de ornitología. A veces hay que mirar muy cerca para viajar muy lejos. Cada vez tengo menos dudas al respecto.

Sele

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