Flandes en cinco días y cinco ciudades

Se le reconoce al corazón de Flandes por la capacidad de latir experiencias de manera constante. Vivencias de una región que permite hacer cicloturismo en Brujas entre molinos de viento, hacer una ruta de cervecerías en Lovaina, perseguir las huellas del Emperador Carlos V en su Gante natal, perderse en ese cuento de hadas llamado Malinas o llamar a las puertas de la casa-taller de Rubens en la siempre intensa Amberes. No por nada la región de Flandes se regocija de tener bajo sus filas a varias de las ciudades más indiscutiblemente bellas de toda Europa. Auténticas protagonistas de un viaje perfecto entre canales, fábricas de cerveza, silenciosos beaterios y una colección excelsa y única de patrimonio histórico-artístico.

Gante (Flandes)

Te propongo un viaje a Flandes a través de cinco días y cinco ciudades, todas a un paso en coche, bus o tren desde Bruselas, y perfectas para destapar el tarro de las esencias flamencas. 

LAS CIUDADES MÁS ESPECTACULARES QUE VER EN FLANDES

Brujas, la Venecia del norte

Mi el mayor de los genios hubiera sido capaz de trasladar su imaginación a una ciudad como Brujas. Ni mucho menos. El don de Brujas es saberse la más bella desde su nacimiento, y demostrarle al visitante en su laberinto de canales y callejuelas estrechas que no hay quien la supere. Recorrer esta ciudad es hacerlo a las páginas ilustradas de los cuentos de infancia donde las casas parecen de chocolate y siempre se da un final feliz. Perfecta para caminarla con los pies y pedalearla con la bicicleta (la ruta entre Brujas y Damme pasando por la bucólica campiña flamenca y sus molinos de viento es maravillosa). Ideal para navegarla en barca para descubrir sus mejores rincones en su importante red de canales que le sirvió para asegurarse un buen puesto de comercio en el continente europeo.

Foto nocturna de Brujas (Flandes)

Empezar (y terminar) en la Plaza del Mercado – Grote Markt, subir a lo alto del campanario para vislumbrar esta perfecta maqueta con la distancia adecuada, admirar la Madonna de Miguel Ángel en la Iglesia de Nuestra Señora o los cuadros de los primeros artistas flamencos en el Museo Groeninge para después hacer una ruta en barca por los canales, tomar la foto más bonita de Brujas en Rozenhoedkaai (Muelle del Rosario) a cualquier hora del día (o de la noche), visitar un beaterio del siglo XIII, acercarse los molinos de viento supervivientes y rematar en una de las muchas chocolaterías de la ciudad. Eso sin hablar de entrar a la Basílica de la Santa Sangre, donde se custodia una venerada reliquia de la sangre de Cristo traída de Jerusalén durante las Cruzadas.

El rincón más fotogénico de Brujas (Flandes)

Aunque quizás lo mejor de Brujas está en dejarse llevar, pasar una noche en ella y pasearla cuando la mayor parte de los turistas se han ido y se queda sola para ti.

Gante, cuna de Carlos V y la postal más bonita de Europa

Permíteme que no sea objetivo. Con Gante jamás lo podría ser. Simplemente porque no tiene comparación alguna, porque aprendí a amar esta ciudad desde que los libros me enseñaron que en uno de los palacios de los Condes de Flandes (En Prinsenhof, del que apenas queda una puerta, no en el famoso castillo) nació en el año 1500 el Emperador con mayúsculas, Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Años más tarde me las arreglaría para hacer una ruta en la que perseguí con afán las huellas Carlos V en Flandes desde su nacimiento hasta su inesperada abdicación en Bruselas antes de marcharse a pasar sus últimos días al monasterio de Yuste, en la provincia de Cáceres. Son varias las veces que he podido visitar esta ciudad y cada vez descubro algo nuevo en ella. Sigue manteniendo su autenticidad, un gran ambiente estudiantil y la capacidad de mostrar a sus huéspedes lo monumental que puede llegar a ser, con torreones medievales que parecen rascacielos y algunas de las imágenes más hermosas de todo el continente.

Castillo de los Condes de Flandes en Gante

Discúlpame porque soy obstinado en este asunto. pero verás que tengo razón. La panorámica desde Sint Michielsbrug o puente de San Miguel, con las fachadas del Graslei (muelle de las hierbas) y las tres grandes torres que corresponden a San Nicolás, el Belfort (campanario civil y Patrimonio de la Humanidad) así como la catedral de San Bavón es, para mi, LA POSTAL MÁS BONITA DE EUROPA. Sobre todo cuando la hora azul colorea los cielos ganteses lo justo para disfrutar de este gran espectáculo urbano.

Hora azul en el puente de San Miguel de Gante (Flandes, Bélgica)

Gante es otra ciudad que pide a gritos un recorrido en bicicleta, sentarse en la orilla del Korenlei (muelle del trigo) mirando hacia el Graslei y su sucesión de edificios históricos e incluso una torre del reloj que recuerda, en escala reducida, al mítico Big Ben londinense. O una travesía en barco. También da para visitar en el mismo día el castillo de los Condes de Flandes, entre mazmorras y armas del medievo, o saber dónde se ubicaban los tercios españoles en la actual abadía de San Bavón. No confundir, por favor, este último con la catedral de San Bavón, que es patrón de todos los ganteses. Porque en el edificio catedralicio se custodia una de las mayores obras pictóricas de todos los tiempos, el políptico del cordero místico pintado por los hermanos Van Eyck. Motivo más que suficiente, entre todos los que acabo de dar, para dedicarle tiempo suficiente a esa ciudad de ilusiones llamada Gante.

Graslei en Gante (Flandes, Bélgica)

No te pierdas estas 12 propuestas para ver y hacer en Gante que pueden serte de utilidad si tienes pensado rendirle una visita a esta ciudad.

Malinas, maestra de emperadores

Si en Gante nació Carlos V, en Malinas, situada apenas a veinte minutos al norte de Bruselas (lo que viene siendo ir de Aluche a Gran Vía en el metro de Madrid) el Rey Emperador pasaría su niñez y parte de su adolescencia bajo el manto protector de su tía Margarita de Austria. Hoy día la ciudad honra más a su hija pródiga que al propio Carlos, sentado en un trono de piedra de la fachada de la antigua Lonja de Paños. Incluso a la cerveza que bebía éste, la Gouden Carolus que hacía mandar a España en toneladas de barriles y que todavía se elabora en la ciudad. Pero se podría decir que a quien más ama Malinas, en flamenco Mechelen, es a ella misma. Quizás por haber no haber sucumbido a los cantos de sirena del turismo de masas y continuar con una vida relajada, a más bajas pulsaciones que otras urbes europeas, pero suficientemente atractiva como para convertirse en uno de los rincones más agradables de la región de Flandes.

Malinas (Flandes)

Malinas cuenta con su propia Plaza del Mercado – Grote Markt que sigue funcionando como tal cada sábado por la mañana. Dependiendo de la temporada es capaz de convertirse en un pista para patinar sobre el hielo o en mercado navideño durante los inicios del invierno. Y hasta en una playa de arena durante el verano. Las mutaciones de esta plaza son constantes, pero el fondo nunca decae. Edificios como la Catedral de San Romualdo, a cuyo campanario se puede subir, la vieja Lonja de Paños o el Palacio de Consejos, enmudecen ante el paso constante de gente. Esta plaza es el centro de la ciudad y de una forma u otra todas las calles desembocan en este espacio.

Grote Markt de Malinas (Flandes)

Pero Malinas, como Gante o Brujas, cuenta también con ríos y canales navegables. Incluso con pasarelas flotantes de madera al ras del agua con las que recorrer la ciudad a pie o en bicicleta. También sobreviven reliquias artísticas de Pedro Pablo Rubens en las iglesias de San Juan y Nuestra Señora sobre el Dijle y dos interesantísimos beaterios (grande y pequeño) convertidos en barrios de viviendas sociales ocupados por jóvenes y familias que han mantenido con vida los hogares de las beguinas que siglos atrás vistieron estos lugares. La trinidad de Haverwerf no es un retablo sino tres edificios medievales entre los que destaca la casa de los diablitos, por tener estas figuras demoniacas en distintos rincones de su fachada. Y tanto en las calles Bruul como Onze-Lieve-Vrouwe está el lado más comercial de Malinas. ¿Quieres más? Si buscas la calle más emblemática y hermosa de la ciudad, no tienes más que seguir la avenida Ijzerenleen desde Grootburg (El puente más antiguo de Flandes) hasta la Plaza del Mercado, flanqueada por imponentes fachadas que fueron reconstruidas en 1920 tras los daños sufridos en la I Guerra Mundial. Y en la fábrica de cerveza Het Anker se pueden conocer los entresijos de la Gouden Carolus, la cerveza más famosa de Malinas.

Casas diablos y paraíso en Malinas

Aquí tienes el decálogo de Malinas con todo lo que puede dar de sí una escapada a esta ciudad flamenca a la que se llega fácilmente desde Bruselas.

Amberes, la casa de Rubens

Amberes, la capital mundial del diamante, la ciudad del Escalda, casa de Rubens e imprenta de Plantino. Todas esas cosas, y muchas más, representan a la ciudad del norte de Flandes. Con un castillo asomado al río Escalda, Amberes cuenta su historia “puerto adentro”, concretamente en una plaza del mercado barroca (Grote Markt) que, además de ornamentar su ayuntamiento con la corona española (dado que la ciudad fue parte de los Países Bajos españoles) cuenta con una estatua el origen de la ciudad. La de un malvado gigante que cercenaba las manos de los marineros que no pagaban un injusto peaje que se había inventado para él. Hasta que apareció el centurión romano, de nombre Silbio Brabo, que con valentía derrotó al gigante y arrojó su mano a las aguas del Escalda. Y ahí nació el nombre flamenco de la ciudad -Antwerpen – que significa literalmente “arrojar la mano” (Ant significa mano mientras que werpen, lanzar). Así que eso es lo que quiere decir la estatua que aparece envuelta de hermosos edificios de la última frontera del catolicismo en los siglos XVI y XVII (los protestantes se fueron al norte).

Plaza del Mercado de Amberes con la estatua de Silbio Brabo

Pero más allá de la gran plaza que sigue los cánones de los principales espacios públicos de Flandes, en Amberes uno llama a las puertas de la casa del pintor más prolífico que acogió esta ciudad, Pedro Pablo Rubens, autor de obras inmortales como “Las tres gracias” o “La adoración de los Reyes Magos” (en el Museo del Prado de Madrid). Aunque fue tan prolífico que el autor preferido en Madrid por la Corte llegó a completar a lo largo de su vida más de 9.000 obras. Se calcula que 52 se conservan en la ciudad, tanto en la catedral de Amberes (“El descendimiento de la cruz”, “La Asunción de la Virgen”, “La elevación de Cristo en la cruz”, o “La Resurrección”) como en su casa-taller (Rubenshuis), que se puede visitar en la calle Wapper y que muestra otras joyas reconocibles como “Adán y Eva en el paraíso” o la incompleta “Batalla de Ivry”.

Estatua de Rubens en Flandes

Junto a la plaza, el castillo Steen a orillas del Escalda, el rastro de Rubens en su taller y en una de las catedrales góticas más grandes e importantes de Europa, queda otro lugar TOP que recomiendo no perderse por nada del mundo. Me refiero a la imprenta de Plantino (Museo Plantin-Moretus) donde durante siglos salieron importantes obras escritas (y pictográficas) y donde se pueden visitar las dos prensas más antiguas que existen. Se trata del Taj Mahal de la historia del libro impreso (junto con el Museo de Gutenberg en Mainz) y todos los amantes de la lectura deberían visitarlo al menos una vez en la vida.

Lovaina, la universidad de la buena cerveza belga

Debo reconocer antes de nada que Lovaina (Leuven en flamenco) es la única ciudad de importancia que me falta por visitar de la Región de Flandes. Así que aquí debo ser franco y hablar en tiempo futuro. No hablaré entonces de que “he visitado” sino de “visitaré o quiero visitar”. He tomado nota de otros viajeros que han tenido la suerte de conocer la ciudad y está claro que no puede faltar en este quinteto de grandes urbes flamencas que uno no debería perderse. Me llama la atención, cómo no, la biblioteca universitaria que, aunque parece ser “totalmente renacentista” es una construcción moderna tras haber sido destruido el pabellón que guardaba cientos de miles de obras durante la II Guerra Mundial. Pero se considera una de las bibliotecas más majestuosas del mundo.

Biblioteca universitaria de Lovaina (Flandes)

Por otro lado el ayuntamiento gótico posee la postal más preciosa y precisa de Lovaina. Para ser más exactos se trata de la obra cumbre del gótico-brabantino, aunque este estilo se encontraba dando sus últimos coletazos cuando fue levantado el edificio a finales del siglo XV. Y el que para muchos es el BEATERIO con mayúsculas de Flandes se halla precisamente en Lovaina. Motivos y más motivos para incluir a esta ciudad en cualquier itinerario que se planifique por la región.

Ayuntamiento de Lovaina (Flandes)

Para los más cerveceros, entre los que me temo no estar incluido, existen distintas rutas dedicadas a la cerveza puesto que Lovaina se considera la capital de este apreciado oro líquido. Una visita muy recomendada es la de la fábrica Stella Artois aunque para probar las mejores delicias belgas conviene tomar nota de dos cervecerías únicas como son Domus (muy cerca del ayuntamiento) y The Capital (en plena Grote Markt). Esta última sirve nada menos que 3000 tipos de cerveza diferente (y 2500 de origen belga).

Cata de cerveza en Lovaina (Flandes)

* NOTA: Los créditos de las tres fotografías de Lovaina que acompañan estos comentarios corresponden a mi hermano Isaac de Viajes Chavetas, que es quien me puso los dientes largos con esta ciudad. 

ALGUNAS RECOMENDACIONES GASTRONÓMICAS EN FLANDES

Si te llama lo suficientemente la atención como para viajar por primera vez a Flandes, o repetir como es el caso de mucha gente que vuelve una y otra vez, te recomiendo le eches un vistazo a este artículo sobre los restaurantes que más me han gustado en la región. Porque si a las visitas de catedrales, museos, canales y grandes plazas le ponemos mesa y mantel nos queda un viaje completamente redondo.

Restaurante Lieven en Brujas (comer en Flandes)

¡Qué te aproveche Flandes!

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4 comentarios en “Flandes en cinco días y cinco ciudades

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