10 lugares del mundo donde padecer el Síndrome de Stendhal

Hace 200 años Stendhal, uno de los mejores escritores que nos han dado las letras francesas, le hizo una visita a la ciudad italiana de Florencia. Cuando alcanzó la basílica de la Santa Croce, el autor de «Rojo y negro», empezó a sufrir mareos acompañados de una cierta sensación de éxtasis y desequilibrio. Preocupado por su reacción, acudió al médico, pues deseaba conocer qué le había podido suceder. Un doctor le dijo que lo único de lo que padecía era de «sobredosis de belleza». Nacía así el conocido como Síndrome de Stendhal, un cúmulo de sensaciones que a viajeros y viajeras, amantes del arte y de los lugares históricos, les puede llevar a tener un reflejo psicosomático y corporal, aunque normalmente positivo, tras una gran saturación de escenarios tan hermosos como fascinantes en un breve espacio de tiempo. Hoy esta expresión ha saltado de la psicología a los efectos contrastados que muchos rincones extraordinarios de nuestro planeta son capaces de inducir a quienes los visitan.

Palacio de Potala (Lhasa, Tíbet)

Si eres una de esas personas, entre las que me incluyo, que se emocionan cuando viajan a ciertos sitios dotados de grandiosidad y belleza, no te pierdas esta selección de 10 lugares del mundo donde «sufrir» el Síndrome de Stendhal y derramar alguna que otra lágrima. Monumentalidad y arte de la mano porque nunca está de más que, de vez en cuando, se exalte el encanto de lo sublime… lo irrepetible. 

Lugares donde padecer el Síndrome de Stendhal

A continuación me gustaría mostrarte esos lugares donde más probabilidades existen de padecer, romántica y emocionalmente, el Síndrome de Stendhal, esa sobredosis de belleza infinita de la que hablaba el médico italiano. En este listado me refiero a escenarios histórico-artísticos, de ahí que no aparezcan referencias los rincones donde la naturaleza sea protagonista. Esta elección es, ante todo, personal y tan subjetiva como haberme permitido vibrar en persona de estos regalos que, de vez en cuando, el ser humano se ha permitido hacerle al planeta, quizás para compensar todo lo demás.

1. Florencia, el nacimiento de una bella enfermedad

No podría empezar esta selección sin la ciudad en la que nació el conocido como Síndrome de Stendhal. Es probable que ninguna otra en el mundo reúna tantos elementos artísticos de gran valor en un mismo espacio. Florencia siempre ha sido una fuente inagotable de arte así como la cuna y plataforma de grandes genios como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Brunelleschi y muchos otros. Este último dejó su impronta en muchos lugares, pero sobre todo, en la mítica cúpula del Duomo, la cual define el carácter de esta ciudad destinada a ser en sí misma una auténtica obra maestra.

Florencia por la noche

Nada mejor para atisbar esta bendita enfermedad que admirar toda Florencia desde la distancia, en la Piazzale Michelangelo, y asistir como testigo privilegiado de las mejores vistas de la que para muchos se trata de la ciudad más bella del mundo.

2. El Taj Mahal, el monumento más hermoso levantado por amor

Si tuviese que elegir el monumento del planeta que más me ha emocionado tendría que dar un buen salto a la India. En la ciudad de Agra se encuentra una autentica belleza de mármol capaz de arrancarle las lágrimas a quien ni tan siquiera las tiene. El Taj Mahal fue mandado construir en el siglo XVII por un sultán mogol, Shah Jahan, a quien juró hacerle a su esposa fallecida, Mumtaz Mahal, un mausoleo digno del amor que le profesaba. Para ello no reparó en gastos ni en esfuerzos, y de ese modo nació este inmenso cofre blanco donde la simetría es tan perfecta que incluso llega a intimidar.

Taj Mahal (India)

Por sus dispendios fue mandado encarcelar por su hijo en el Fuerte Rojo de Agra. Desde su celda palaciega pudo ver durante todos los días del resto de su vida el que todavía hoy sigue siendo el monumento más bello del mundo levantado por amor.

Sele haciendo fotos en el Taj Mahal (India)

3. Los templos de Angkor en Camboya

Cientos de templos escondidos durante siglos en la maraña de la selva de Camboya salieron a la luz para mostrar al mundo la grandiosidad y riqueza de los jemeres. Un imperio devuelto por el tiempo y la arqueología para regalar la posibilidad de caminar por infinidad de galerías abrazadas por la vegetación, con ninfas danzando en las paredes y la sensación de convertirte en Indiana Jones. Con Angkor Wat a la cabeza, probablemente el templo más fotogénico junto al de las mil caras (Bayon), los conocidos como templos de Angkor se trata, sin duda, del conjunto monumental más impresionante del Sudeste Asiático.

Templo Ta Prohm de Camboya (Templos de Angkor)

No hay días suficientes para descubrir todas estas maravillas en las aparece por fin la respuesta de por qué nos gusta tanto viajar.

Si Camboya reclama tu atención, no dudes en echar un ojo al viaje que narré en este blog hace ya unos cuantos años.

4. Una mirada en Estambul

Mirar a Estambul a última hora de la tarde desde el cuerno de oro, con esa eterna silueta de mezquitas, minaretes y palacios, te retrotrae a lo mejor de la antigua Constantinopla. Santa Sofía, la Mezquita Azul, Topkapi, la algarabía del Gran Bazar, sus muchos restos romanos y bizantinos… compusieron la sonata del primer viaje de mi vida. Mucho ha cambiado la ciudad turca desde aquellos años, pero sigue manteniendo esa capacidad de acelerar los latidos del corazón.

Estoy convencido de que si Stendhal hubiese estado alguna vez en este rincón del mundo, el famoso síndrome no llevaría otro nombre que el de Estambul.

5. El camino al tesoro de Petra en Jordania

La ciudad de los nabateos dejó de estar «perdida» y ser un mero cuento narrado por los mercaderes del desierto cuando Johann Ludwig Burckhardt en 1812, haciéndose pasar por jeque, fue guiado por una grieta bajo el suelo, el desfiladero o siq, hasta el conocido como templo del tesoro (Khasné). A finales del siglo XX sería el mismísimo Indiana Jones, el cual en la ficción de «la última cruzada», encontrara aquí el Santo Grial. Petra, en Jordania, es una ciudad excavada o, más bien, modelada directamente sobre la arenisca. Sus muchas vetas permiten distribuir las tonalidades cromáticas según la manera en que el sol incide sobre los acantilados, permitiendo que los atardeceres siempre sean rosados.

Camello y el Tesoro de Petra (Jordania)

La visita al tesoro, a las tumbas reales, las ruinas romanas y subir hasta el monasterio (Deir) proporciona un cúmulo de sensaciones que convierten aquello en auténtico delirio emocional.

El Deir o Monasterio de Petra (Jordania)

6. Machu Picchu, el universo inca en Perú

Siempre he sostenido que Perú es mucho más que Machu Picchu, con sus paisajes andinos, sus desiertos, sus estupendas ciudades que reflejan la arquitectura colonial de siglos pasados o esas selvas que se adentran en una red de mil ríos hasta viajar al gran Amazonas. Pero un viaje a  Perú sin Machu Picchu vendría acompañado de cierta sensación de orfandad. El largo y vertiginoso camino por el Valle Sagrado hasta asomarse a la antigua ciudad de los incas, también perdida durante siglos, permite disfrutar de una postal irrepetible.

Sele en Machu Picchu (Perú)

Postales desde Machu Picchu (imágenes y reflexiones de mi primera vez en la considerada como una de las siete maravillas del mundo).

7. Siempre Venecia…

Estaba claro que Florencia no podía faltar en esta lista. Pero… ¿y Venecia? Bajo ningún concepto podría olvidarme de la ciudad que sobrevive entre puentes y canales, la de los palacios flotantes en la laguna veneciana, la misma que inspiró a los Tiziano, Veronés, Tintoretto, Canaletto o Giambattista Tiepolo para alcanzar las más altas cotas de la pintura. Venecia es un estilo definido, belleza acuática en 360 grados, pero está abocada a morir de éxito. Y es que ser la más hermosa y deseada puede llevarle al colapso y a perder por completo su identidad.

Postal de Venecia con la isla San Giorgio Maggiore al fondo

Los mareos de Stendhal, si fueran en la Venecia actual, tendrían que ver, sobre todo, con el agobio del turismo de masas y la llegada constante (y alarmante) de cruceros a la vez. Aún así todavía deja visitarse en determinadas épocas del año. Más allá del gran canal hay mucha Venecia todavía por descubrir.

Si estás pensando en viajar a la ciudad italiana no te pierdas estos 50 consejos útiles para preparar tu viaje a Venecia.

8. El Palacio de Potala en el Tíbet

Tras el largo camino a Lhasa no existe mayor recompensa que la primera vez que contemplar el Palacio de Potala. Impone un gobierno de las imágenes y el color tanto en vertical como en horizontal y no hay ángulo que desmerezca una fotografía. Las telas de sus grandes ventanales se dejan acompasar por los ritmos del viento procedente de los Himalayas. Y tú, mientras, eres una hormiguita caminando por sus jardines, invadiendo galerías y estancias doradas del gran palacio de Dalai Lama ausente.

Palacio de Potala (Lhasa, Tíbet)

Viajar al Tíbet tiene mucho que ver con eso de cumplir deseos e ir subiendo cimas, tanto geográfica como espiritualmente. Y se dan muchos momentos mágicos en este reino entre montañas, pero uno de los más recordados no deja de ser ese llegar a paso lento en que el Potala queda frente a ti.

9. Interior de columnas en la Mezquita de Córdoba (y viva la Alhambra de Granada)

Caminar por la sala hipóstila de la Mezquita de Córdoba, con sus 1300 columnas y sus 365 arcos de herradura a dos colores, es viajar mil años atrás en el tiempo cuando la ciudad califal no sólo era el corazón del Al-Ándalus sino también uno de los lugares más importantes (y poblados) de todo el mundo. Durante siglos sólo fue superada en tamaño por la mezquita de La Meca y, más tarde, con la cristianización de la ciudad, vivió en sus entrañas una implementación de diversos estilos que iban del mudéjar al barroco pasando por el plateresco de su Capilla Mayor. Hoy día la Mezquita-Catedral de Córdoba, Patrimonio de la Humanidad UNESCO, está entre los monumentos españoles más apreciados por los visitantes.

Sele en la Mezquita de Córdoba

No me gustaría obviar, porque no se lo merece, a la Alhambra de Granada, que merece estar también en esta lista de lugares del planeta donde padecer el Síndrome de Stendhal. Su panorámica desde el Mirador de San Nicolás o los detalles de sus patios nazaríes, son para desmayarse de la emoción. Ambos monumentos, mezquita cordobesa y palacio de Granada, consituyen el escalafón más alto del arte hispanomusulmán.

10. Un ejército de moáis en la Isla de Pascua

Para cerrar esta selección voy mirar a los ojos de los moáis de Isla de Pascua, ya sea en el altar de Tongariki (donde se halla la fila más grande de estas estatuas de pie, ya que la mayoría se encuentran tumbadas por toda la isla), en los finos atardeceres de Ahu Tahai o en la cantera que muestra a los últimos y no terminados en pleno cráter volcánico de Rano Raraku. La vieja Rapa Nui proporciona todos los síntomas de la enfermedad viajera de la que estamos hablando. Con casi mil moáis y muchos más enigmas sin resolver, volcanes, un observatorio astronómico al aire libre… y todo en una isla con menos de 30 kilómetros de punta a punta en mitad del océano Pacífico (a 3700 kilómetros de las costas de Chile.

Moáis de Isla de Pascua

Si quieres saber más sobre este lugar, te recomiendo leer Escenas y escenarios de Isla de Pascua, donde cuento todos los lugares que pude visitar en este curioso enclave. Sin duda, uno de los mejores lugares que ver en Chile.

Y tú, ¿qué lugares incluirías en esta lista? ¿Dónde estuviste más cerca de experimentar el famoso Síndrome de Stendhal?

Sele

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